jueves, 29 de enero de 2009

Conservación de sueños.


Dependiendo de la magnitud de ellos, la mayoría de los sueños sólo se extravían. Las causas de esto son poco claras y, por consiguiente, las explicaciones a su desaparecimiento son, por lo general, increíbles. Responsabilizar a la realidad por el olvido del sueño juvenil es inaudito, así como culpar al alcohol por las desapariciones actuales es una burla.
Un Hombre, cansado de esta situación, decidió guardar los sueños en pequeñas cajas de madera, a las cuales les colocaba diminutos papeles blancos con nombres sumamente curiosos, por ejemplo “profilaxis del cotidiano” o “Protesta de hormigas termina en descomunal gresca”. El orden de los pequeños cofres también resultaba peculiar, ya que eran dejados en cualquier sitio u objeto, entonces no era extraño encontrar sobre un libro de Arteche una caja que decía “Soga post-paja” o al lado de un balón de fútbol otra caja de rotulito “Pétalos para Matías”.
El Hombre, luego de algunos años, decidió sepultar sus sueños, para ello tomo todos los papelitos y, mirándolos en sus manos, los arrojo al cielo, dibujando una estampida de mariposas de la puta madre. Las cajas de madera se quedaron en silencio o ciegas, por ello el hombre fue raudo al negocio de la esquina y compro “claveles”, “margaritas” y “ tallos de rosas, para que no me olvides”, las que fueron depositadas una a una en las diminutas y vacías cajas.
Después el hombre pronunció un encendido discurso en honor de los sueños y en contra de la generación del 24 y se recostó sobre las cajas, esperando la siesta.

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