“Su propina es mi sueldo”, dijo Tomás mientras pedaleaba a la Janis en medio de perros y fósiles de autos en Iquique.
Piense que esto es una frase encontrada en el baño del Democrático o de la Piojera o del 777, en medio de la borrachera y las amigas entrañables de pipeño y noche y la vanguardia es así, como dijo el Charly.
Imagine la carta al director del diario facho, el comentario semanal del conchesumadre del Hasbun o la crónica preclara de algún geniecillo de tufo a Merlot y queso maduro.
Recuérdese en la sobremesa del parrón de lo abuelos, con dominó y vino tinto, defendiendo lo poco que quedaba del gobierno del curao del allende (¿y vooo?) y asomando apenas nuestro dorso decir algo del pueblo unido y el cagarse de la risa de los ni chicha ni limoná.
Sacaba la memoria a pasear Tomás, con la Janis y el entrelazar de manos en la madrugada, el roce de los muslos al pedalear, la risa cómplice descubierta en la “TobalabaLasRejas” o el medidor de agua mudo, afortunadamente mudo y de tantos etcéteras que se agolpan, se suman, se borran.
“Su propina es mi sueldo”, hágase cargo, dijo, allí, pinché comentarios.
Continuará.