Sobre el lumpen que llevamos dentro.
«la capa social más baja y sin conciencia de clase.»
Real Academia Española (RAE)
Cuidado cabrones!!!......es de momios……
Llamamos al fenómeno lumpen y en la noticia central le ponemos pasamontañas y pendejos neopreneros si están rompiendo faroles, quemando neumáticos o matando a alguien; o por el contrario, hablamos de “empresarios inescrupulosos” al referirnos a los del tipo “farmafia”, eufemismo para el mismo lumpenaje cuicoide, de polera a rayas.
Eran los años ochenta y recuerdo a los fachos como hacían gárgaras con los daños en el paseo ahumada o en la villa Francia, ni recordar los titulares de “la segunda”, entonces alguien puede decir que la mayoría de la población estaba en desacuerdo con ello, sin embargo, en correrías por el centro de santiago, la villa Francia o algún otro sitio, las madres de los escandalizados de hoy, nos daban desde lugares donde escondernos hasta botellas con los adminículos necesarios para lo obvio, total, el objetivo era claro, botar al chuchadesumadre y, como dijo el R.D. “cualquier blasfemia, revela su elevado sentido moral, si le construyen una estética de respaldo”. Pero no todos estaban allí por motivos ideológicos o por romanticismo, muchos estaban ahí por las vísceras, por lo irrazonable del hambre, de la pena o la desesperanza. ¡y va quedar la caga¡, ¡y va quedar la caga¡.El otro lumpenaje iba a comprar corriendo la segunda, se adueñaban de algunas empresas estatales y volvían a leer al decano.
Al chuchadesumadre lo vomitaron los gusanos, escogimos a una mina de presidente y a la selección la dirige un trabajólico (lo cual siempre es peligroso donde hay más de dos shilenos) y vemos a otros lumpenes en nuestro territorio, pero somos como iguales. Algunos siguieron detrás de la barricada, apedreando al Transantiago y puteando en los consultorios, los otros continúan creyendo en el decano.
Sin embargo, algo dicen, algo son.
Camina una señora en medio de disturbios y, ante la oportunidad, pasa de transeúnte a casi usar pasamontañas y roba una mesa. Mi tío me debe quinientos mil y no me devuelve los llamados. Los hijos de algunos exlumpenes, hoy jóvenes ingenierillos, se coluden y cagan a 16 millones de shilenos sin decir ni pío.
Lumpen, fácil reducir aquello que no entendemos y llamarlo así, pero en una sociedad fragmentada, todos somos algo lumpenes, proletariado en el significado ortodoxo, lumpen aristócrata o empresarial o aspiracional (absolutamente vomitivos) o lumpen obsecuente y tantos etcéteras más. Una cosa es clara, mientras no nos hagamos cargo del lumpeliento en el espejo (ese que todo lo ve en pequeños pixeles o fragmentos), nadie lo hará por nosotros. Menos los de más allá, como en el refrán “dividir para gobernar”.
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