A Matías.
Somos los mismos,
vestidos de novedad.
M.B.
De “que linda la guagüita” hasta hoy.
Entonces, la diferenciación. El asunto es así.
X guardo los pantalones que usó desde recién pari’ó. En un baúl escondía pañales de tela hasta los pantalones de a rayas o cuadriculados con corbata, y, de ser posible, los usaba. Esto último, dicho sea de paso, ya que en más de alguna ocasión y después de los dieciocho, se le vio con pañales puestos, situación bastante poco decorosa y que resta merito a su aborrecible figura.
X, gustaba de ponerse los pantalones de mezclilla de los 19 años, esos con hoyos incluso dentro de los hoyos. Disfrutaba, en especial los domingos, sentarse a leer los periódicos (sección espectáculos y moda) con esos suaves pantalones manchados con vino de adulto joven. Las noches de días laborales, por lo general, terminaba con la misma pinta de imbécil para el trabajo imbécil y pagado y explotado de imbécil que tenía, esto quiere decir, la corbata, zapatos livianos y, lo que nos convoca, los pantalones con pliegues del terno barato.
X, es el prototipo del hombre moderno, totalmente previsible. Tengo la impresión que lo único que este hijo de Shilito o de dios, ese que nos creo a todos, dicen, -postulo que cada individuo deba tener su propio dios, ya que con uno es claro lo que pasa- continuo- decía que tal vez lo único rescatable de este tipo era su extraña manía de colocarse ropa vieja, en este caso pantalones, y que evocaba tanto otoño con tantas hojas que tanto crepitaban bajo los zapatos.
X, un día decidió que era distinto; a la cresta primero los padres, luego, lo metió por primera vez (¿o última?), los estudios inferiores y “SUPERIORES” y ya, los hijos y el “sueño de la casa propia” y “para toda la vida”, y la vida es tanto tiempo, uf, entonces, cuando ya no había nada más, simplemente dejo de cambiar pantalones. Aquí, por fin, la nunca bien ponderada diferenciación.
Llovió demasiado rápido aquel año.
X, mil novecientos cincuenta y tres-dos mil trece, le llevan siempre flores y algunos sonríen cuando lo recuerdan. Algunos hijos de puta aseguran que solo se cambio de nuevo los pantalones, y yo digo que dejen en paz al pobre difunto, quizás sea verdad, pero está bueno ya de tanto pelambre y por favor dame el vaso y escuchemos a guilispie un poco más moderado, mis oídos buscan la crepitación y ahora el mar.
Y listo, hay que dejarlo en paz, ya fue.
ResponderEliminarUn abrazo gigante, tío, amigo, compadre.