martes, 1 de diciembre de 2009


Combinado negro y cabezón.

En algún lugar dije que los cronopios se suicidan o simplemente se mueren, eso se me vino a la mente al momento de enterarme de la muerte del Nelson y claro, cronopio cronopio.
Me recuerdo al llegar a un cumpleaños, -a eso de 10 o 15 años atrás, creo que separados con la loca de mi mujer- en el departamento de algunos de estos giles -creo que del chino- y allí estaba, por supuesto que preparando unos combinados (si a eso se le puede llamar combinado), con la sonrisa franca, jugando a que el tiempo no nos vence y con su voz grave fabricaba borrachos y más borrachos, como si con su voz hipnotizara a su ocasional interlocutor y aniquilara de una vez nuestro sentido de la supervivencia, entonces aceptamos sin decir ni pío un brebaje intragable y que luego del segundo nos dejaba con pasajes a waterlandia, a Mozambique o a la inconsciencia tan propia de nuestro cotidiano -profilaxis del tiempo, dirá algún iluminado de turno-. Luego, con los trucos de la imaginación de por medio, me remonte a otros lugares, en otros momentos, con nosotros mismos vestidos de novedad y ropaje multicolor o pata de elefante o a rayas y siempre, el cronopio nos recibía con su risa, su voz, su sinceridad de jubilado o de panadería de barrio y en aquellos años ya su torcida mente establecía su estrategia de emborrachar o pintar o desnudar a cualquier incauto, es decir, a todos.
Lo encontré en alguna oportunidad en Iquique, nos platicamos unos sanguches, bebimos cervezas o wiskis o vino -creo- y yo, algo menos ingenuo, sobreviví a estos curiosos gratos bellos bellos eventos. Pero, como suele ocurrir en estas manadas de animalitos-amigos-conocidos, nos perdíamos los unos de los otros sin perdernos, nos ignorábamos, pero sabiendo o por el pelao que alguno estaba sin pega, que el piltra dice que otro tiene las neuronas echas pebre por los influjos de la mari o por el trabajo, pero como suele ocurrir, la vida preparó unos de sus peores combinados.....
Cronopio, de pena cronopio pensé en volver a creer en dios (afortunadamente solo por un par de segundos) y refugié la pena a su brevedad, volví sobre los recuerdos, a los combinados, a los pantalones a rayas, a la industrial al poto pelado de la playa a las fiestas de disfraces a los asados, volví a rescatar la memoria, a reconstruirla y aquello es mucho más que la muerte, es algo nuestro, como los años, las canas, como las arrugas, la memoria nos pertenece.
Nelson nos pertenece.